REDEPAZ - Red Nacional de Iniciativas Ciudadanas por la Paz y Contra la Guerra
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A la vez, en 1991 se desarrollan las rondas de conversaciones en Caracas con las FARC, el ELN y el pequeño sector del EPL que se mantuvo en armas luego del acuerdo de paz con este movimiento. El tema del cese al fuego se trató como prioridad en la agenda, se intercambiaron propuestas de las partes sobre su carácter, las áreas de delimitación territorial y las formas de veeduría a implementar. Las diferencias entre el Gobierno nacional y las guerrillas, quienes aún aparecían como Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, fueron notorias, especialmente en el tema de la localización y la delimitación territorial, aunque se consiguieron otras aproximaciones importantes, incluyendo el cese de determinado tipo de acciones y consensos en materia de derechos humanos.

Esta experiencia enseñó que si bien el cese al fuego es un tema necesario en la agenda de conversaciones, tampoco debía ser un prerrequisito ni un obstáculo, para poder tratar previa o simultáneamente otros temas que constituyen propiamente el contenido político sustancial de las negociaciones. A partir de esta consideración los dos últimos gobiernos y los movimientos guerrilleros aceptaron abordar los diálogos, posponiendo el tema del cese al fuego; pero dadas las actuales circunstancias de extensión, escalamiento y radicalización de la guerra, resulta más difícil y contradictorio conseguir aproximaciones y una pronta solución sin tratarlo.

Adicionalmente durante las dos últimas décadas también se manifiesta la actitud de las partes favorable, en determinadas circunstancias, para adoptar ceses al fuego en contextos territoriales y temporales limitados, incluso muy específicos, para resolver situaciones humanitarias y para posibilitar las acciones de parlamento, o como se han denominado en nuestro país del adelanto de los diálogos, o de intermediación de terceros con propósitos similares.

Así, entre otros casos vale recordar la desmilitarización de un amplio corredor por parte de las Fuerzas Armadas en Urabá en 1988 y el compromiso conjunto del EPL y de las FARC de liberar a 22 miembros de la Fuerza Pública capturados en combates; los ceses al fuego temporal decretados en la región de Uribe con frecuencia durante varios años para posibilitar la gestión de comisiones de paz; el acuerdo de Remolinos del Caguán en 1997 que posibilitó la liberación de otros 61 miembros de la Fuerza Pública; la distensión militar con el ELN en el Oriente Antioqueño que facilitó hechos como la liberación de una comisión observadora de la OEA y luego el Acuerdo de Río Verde en 1998; otra serie de experiencias regionales o locales con propósitos similares. Y de manera especial ahora el acuerdo de la zona de distensión en el Caguán con las FARC y el acuerdo convenido en La Habana con el ELN para la zona de encuentro, siendo el más desarrollado de todos en cuanto a términos de reglamentación y formas de veeduría nacional e internacional.

DEMANDA POLÍTICA Y HUMANITARIA DEL CESE AL FUEGO

Invocar el respeto a la vida y la superación de las hostilidades denota retomar el ideario de una sociedad civilizada que reclama el fin de la barbarie y el derecho legítimo a vivir en paz. Desde la mirada de las víctimas y a la luz de los principios de la lucha contra la impunidad, convocan a obtener una paz fundada en la restitución de los derechos a saber la verdad, a obtener la justicia y a la debida reparación. Y desde la perspectiva del conjunto de la sociedad, implican una reconciliación fundada en la equidad, la justicia social, el cambio democrático y un régimen con garantías y verdadero disfrute de los derechos fundamentales.

El cese al fuego además de constituirse en una demanda política y militar necesaria de resolver, como parte de los acuerdos progresivos que se requieren entre el gobierno y las guerrillas, constituye ahora una imperiosa demanda ante el siniestro avance del terror en numerosas regiones de la geografía colombiana. Las organizaciones sociales y los movimientos de paz no pueden permanecer impasibles ante los cada vez más acentuados ataques de los grupos armados contra la población ajena a las hostilidades; sería por tanto inaceptable no demandar la superación inmediata de esta situación, con carácter urgente, y prioridad en las agendas de las conversaciones de paz.

Los informes sobre los derechos humanos y el derecho humanitario demuestran en los últimos años la tendencia a una degradación cada vez mayor del conflicto armado, sin que exista aún voluntad ni un acuerdo real de las partes para introducir correcciones de fondo. Abiertamente se desconoce el principio de distinción entre combatientes y no combatientes, lo cual ocasiona numerosas e injustificadas víctimas. En los últimos tres años se disparó dramáticamente el número de violaciones graves a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario; los registros del Banco de Datos de Violencia Política de Cinep - Justicia y Paz demuestran que 3430 casos representaron un incremento del 76% de las violaciones a los derechos humanos; que igual tendencia se registró con relación a los 3417 casos que representaron un aumento del 43% para las violaciones al DIH; y que también subieron, a 2226 los casos de víctimas por violencia política social, indicando un aumento del 50%. Y a la vez, se advierte con sorpresa, que paradójicamente la única variable que demostró una tendencia decreciente es la relacionada con las víctimas directas de las acciones bélicas, las cuales descendieron porcentualmente en un 33%, de 3051 a 2223.

Dice el informe referido al respecto: "Este hecho que podría inducir algún sesgo optimista sobre la situación del conflicto, comprueba en cambio la degradación del mismo: es decir que los actores cada vez combaten menos entre sí y, por el contrario, cada vez victimizan más a la población civil".

Como puede inferirse de diversos registros e informes la responsabilidad estatal por acción u omisión sigue siendo amplia, a pesar del descenso de los casos directos de la fuerza pública, en tanto aún se encuentran con relación a la actuación de los grupos paramilitares frecuentes expresiones de colaboración, aquiescencia o permisividad.

Continúa...

 

 

 

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